Calamaro en Mar del Plata: su sueño de chico, “todo gratis en los 80” y el recuerdo de los Redonditos de Ricota
El músico, que desfiló con sus éxitos por el escenario del Polideportivo, repasó sus inicios como artista y profundizó sobre la ciudad. Homenaje a Piazzolla, reconocimiento a Vilas, el cariño a Flavio Cianciarulo y el final de Enrique Symns
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Andrés Calamaro cantó como nunca en Mar del Plata. Si en el recital confesó que le parecía casi imposible hacer un éxito en el inicio de su carrera, lo contrastó de inmediato con una batería de canciones que quedarán en la historia de los éxitos populares de la Argentina.
El tema que eligió para abrir el show en el Polideportivo fue “Todavía una canción de amor”. Luego, más éxitos: “Carnaval de Brasil”, “Mi gin Tonic”, “Cuando no estás” y “Pasemos a otro tema”. “Era casi imposible, nunca habíamos pensado en tener un éxito con una canción en la radio. Ni hablar de lo que se llama un hit. Hacíamos todo gratis en los ‘80. Como mucho podíamos aspirar a... no sé, alquilarnos a un departamento de dos o tres ambientes. Entonces, hablar de éxito es un poco ingrato”, dijo sobre el escenario.
“Cuando una canción resulta un éxito popular, algo que pasó 10 o 20 años después, recién entonces se puede decir que uno hizo un éxito. Pero parecía imposible, hicimos todo gratis, por supuesto también los shows en Mar del Plata. Veníamos a Mar del Plata hace mucho tiempo, no voy a decir cuánto tiempo pasó porque es obsceno como un streeptease. Los Abuelos de la Nada…”, continuó. “El rock necesita héroes y en Mar del Plata los héroes visten de neoprene, o están en los bares, son bohemios, son marineros y pescadores. Los héroes son ustedes”, le dijo al público. Fueron las palabras previas a “Loco”.
Mar del Plata como eje de una noche de reconocimiento y gratitud: una versión de Garúa después de relatar cómo llegó Astor Piazzolla a tocar con Aníbal Troilo, el reconocimiento a Guillermo Vilas, el recuerdo de Alberto Olmedo, el cariño para Flavio Cianciarulo y el final de Enrique Symns. "Vino a morirse a Mar del Plata a una pensión toda cagada, llena de cajas de pizza. Lo buscamos, lo llevamos a Buenos Aires, lo mantuvimos vivo bastante tiempo. Tenía todas las enfermedades”. Pegado, cantó Bohemio.
Como siempre, recordó a Maradona: “Tenía un corazón gigante, como el de Ricardo Iorio”, remarcó. “Desde chico requiero identidad, identidad frente a la sociedad, una rebelión con la música, la cultura rock, y eso me dio motivo para salir de casa todos los días. Después, aprender a escuchar y darle pelota a los discos. Nos fuimos a Parque Rivadavia... Durante mi adolescencia, Argentina pasó por momentos delicados y monstruosos, que si no nos mataron nos hicieron más fuertes. Seguimos escuchando discos y recitales con el peligro que eso conllevaba. Entrábamos al Luna Park, éramos nenes”, contó en una de sus intervenciones más profundas.
Vital a los 64 años, hizo estallar a su público con una reflexión: “Hace 40 años yo pensaba: dentro de 40 años ¿quién me va a dar de comer? ¿Viviré en casas de señoras que me hagan el desayuno? ¿En casa de mis padres, que eran buenísima gente? Cuando vi mis primeros recitales, que fueron en el año 1975, miré el escenario y dije: ‘Tres cosas quiero conseguir en esta vida’. Son las que más o menos todos queremos: la libertad y la forma de interpretarla, el rollo sentimental pero al mismo tiempo la necesidad física de ser hombres y mujeres, y la otra era grabar un disco antes de los 20 años. Y cumplí”.
La formación musical vinculada al arte de saber mirar y escuchar: “Cumplí 17 años grabando en la calle Perú 375, con músicos leyendas, como Amilcar Gilabert. Una noche vino Rubén Rada y fue como ver aparecer a Jesús… Tocó en la sala de ensayo de Corrientes y Cerrito, abajo del bar Avencor. En la sala de al lado ensayaban los Redonditos de Ricota: no habían grabado el primer disco. Iban a grabar un demo, con Superlógico, Maldición va a ser un día hermoso. Los fui a ver el 29 de agosto de 1978 a un lugar donde había 40 o 50 personas”, rememoró. “De chiquilín miraba de adentro todo eso”.
Su oficio de cantor y sus ganas de hablar regalaron una noche especial: “A mí me gusta gastar dinero. No tomo vino pero envidio a los que pueden tomar vino con un criterio, sin ser pesados, sin chocar con el coche. Nunca me regalaron nada y no voy a empezar ahora”.