Sharenting en aumento: casi la mitad de los padres publica fotos de sus hijos en redes sociales sin medir los riesgos
Un informe reveló que el 47% de los adultos expone imágenes de menores en internet de manera habitual. La práctica crea una huella digital involuntaria en la infancia y abre la puerta a graves peligros como el grooming, la ciberdelincuencia y la creación de deepfakes mediante Inteligencia Artificial.
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En la era digital, la costumbre de compartir postales familiares de cumpleaños, vacaciones o el inicio de clases en plataformas virtuales está profundamente arraigada. Sin embargo, detrás de esta muestra de afecto se esconde una problemática creciente: la práctica conocida como sharenting (combinación de los términos en inglés share —compartir— y parenting —crianza—).
Según la encuesta Sharenting: Privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital, elaborada por la firma de ciberseguridad Kaspersky, el 47% de los padres y madres encuestados reconoció publicar fotografías de sus hijos. Lo alarmante es la paradoja del comportamiento: un 86,7% admitió tener temor de que el material caiga en manos de terceros y más del 55% considera que la práctica es peligrosa, pero aun así el 55,5% comparte imágenes donde el rostro del niño se aprecia con total claridad.
La mayor ventana de exposición se concentra en la primera infancia: el 65,3% de las imágenes publicadas corresponde a niños de entre 0 y 7 años, una etapa en la que los menores carecen por completo de autonomía para decidir sobre su huella digital y el uso de su propia imagen.
Los principales peligros de la exposición infantil en internet
Especialistas advierten que una simple fotografía suele incluir información implícita (geolocalización, insignias escolares, fondos de la casa o rutinas diarias) que permite a delincuentes reconstruir el entorno del menor. Entre las consecuencias más graves de esta sobreexposición se destacan:
- Montajes y Deepfakes con IA: Fotografías cotidianas son descargadas para ser manipuladas con herramientas de inteligencia artificial y utilizadas en contenidos de abuso, violencia o estafas.
- Grooming y acoso: La información revelada facilita el acercamiento de pedófilos o ciberdelincuentes mediante la manipulación psicológica.
- Pérdida de control del material: Una vez subida la imagen, el contenido se vuelve imborrable; las capturas de pantalla y reenvíos perpetúan la circulación del material incluso si la publicación original es eliminada.
- Ciberbullying y daño reputacional: Contenidos que hoy resultan graciosos para los adultos pueden convertirse en objeto de burlas o acoso escolar para los chicos durante su crecimiento.
Vías de difusión y recomendaciones de seguridad
El estudio detalla que WhatsApp es el canal más utilizado para compartir fotos (48,9%), seguido por Facebook (24,5%) e Instagram (22,8%). Aunque las aplicaciones de mensajería o cuentas privadas transmiten cierta sensación de privacidad, los expertos recuerdan que el riesgo de fuga de información sigue latente a través de descargas directas o capturas.
Para mitigar los riesgos, los especialistas aconsejan:
- Protección de identidad: No mostrar el rostro directo del menor, apelando a ángulos de espalda, desenfoques o emoji de ocultamiento.
- Omitir datos sensibles: Revisar que en las fotos no aparezcan escudos del colegio, direcciones, patentes de autos ni referencias de horarios.
- Privacidad estricta: Auditar periódicamente las listas de seguidores y configurar las redes sociales en modo privado.
- Respetar la intimidad: Evitar publicar situaciones que vulneren la dignidad del niño o que puedan causarle vergüenza en el futuro.